Capítulo 31 31

—Sí. Qué obviedad, Ariel. —Lo siento por tu...

—No te molestes.

Volvemos a caer en un silencio incómodo. El horno sisea mientras se enfría, con sus engranajes viejos acomodándose de nuevo en su sitio ahora que, por suerte, Zoya ya terminó de convertirme en foie gras.

—Sashenka aprendió a cocinar ...

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