Capítulo 34 34

No te detengas. No cedas.

Haz que te odie. Haz que huya.

—Más fuerte —ronca—. ¿O esas manitas delicadas no pueden?

Clavo las uñas. —¿Así?

Un gemido grave vibra bajo mis dedos. —Mucho, mucho mejor. Un poco de dolor hace que el placer sea aún más dulce, ¿no?

El sudor se me acumula en las sienes. ...

Inicia sesión y continúa leyendo