Capítulo 36 36

Zoya regresa con una tetera astillada y dos vasos. Los deja sobre la mesa y llena ambos.

—Bebe.

El té está amargo, preparado tan cargado que podría levantar fantasmas. Justo como me gusta. Ella me observa tragar, y su ojo lechoso se entrecierra.

—Entonces. La chica.

—¿Quién dijo algo de la chica...

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