Capítulo 55 55

Las farolas blanquean el pavimento hasta dejarlo color hueso ante mis ojos. No hago más que quedarme mirando un solo pedazo de chicle antiquísimo pegado al suelo, ennegrecido por Dios sabe cuántas pisadas. Es lo único que todavía me mantiene atada a la realidad.

Despedirme.

—Necesito tiempo —susur...

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