Capítulo 30 Capítulo 30

Cada detalle ya estaba arreglado. Había pensado en todo. Dejé caer mi bolso en el piso y me hundí en la silla más cercana. Las manos todavía me temblaban, pero ya no era por miedo. Era por agotamiento. La ciudad resplandecía al otro lado de la ventana. Podía ver el reflejo de la torre de enfrente, l...

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