Segunda parte.

  SEGUNDA PARTE.

Abro la puerta de mi habitación y la escena me detiene en seco. Ambos están de espaldas, recortados contra la inmensa vista que se abre más allá del gran ventanal: la ciudad extendiéndose en luces y sombras, el cielo todavía tibio. Ellos, impecablemente vestidos. Yo, apenas envuelt...

Inicia sesión y continúa leyendo