Capítulo 129

Pasan cinco segundos. Me pego el teléfono a la oreja y hago ruidos de besos. Ben suelta una risita, pero sigue el juego, dejando escapar un gemido apagado que casi me hace atragantarme de la risa.

—Hola. Ben está bastante ocupado, llámalo más tarde.

O, de preferencia, nunca.

—Cuídate. Adiós.

—Pe...

Inicia sesión y continúa leyendo