Capítulo 52

Ben sostiene mi mirada. Sus ojos azules, soñadores, me atrapan, pero me obligo a salir de ese trance. Está aquí para practicar.

—Puedo hacerlo mejor —bufa Ben.

—Mira —digo, y le estampo mi teléfono contra el pecho—, y aprende.

Mis puños conectan con el saco en un ritmo de tap, tap, golpe. Olvido ...

Inicia sesión y continúa leyendo