Dulce deseo

CAPÍTULO TREINTA Y SEIS

ALEX DAVALO

Sabía a cielo.

Sus labios eran suaves y húmedos, increíblemente dulces. Un cierto fuego se encendió dentro de mí y se extendió tan rápido como el fuego en pasto seco empapado en gasolina. El deseo recorrió todo mi cuerpo en olas y corrientes mientras la acercab...

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