Epílogo

Al tercer grito agudo de mi pequeña humana, no puedo soportarlo más y estoy listo para invadir la habitación y hacer lo que sea necesario para detener su dolor.

— ¡Klaus, no! — grita Vladimir, salta del sofá y empieza a tirarme del brazo para que no invada la habitación contigua, lo que hace que mi ...

Inicia sesión y continúa leyendo