Capítulo 8 8

Frente a Dios y al par de viejas gallinas en el rincón más alejado, con una vista tan mala que cuando llegué pensaron que yo era su enfermero de un metro ochenta, hago un pequeño bailecito de la felicidad, retorciéndome como el pez vivo que soy.

La realidad vuelve de golpe cuando veo a la abuela ac...

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