Capítulo 6 Capítulo sin título

El traslado del ataúd desde la capilla hasta el foso familiar no fue una procesión lúgubre, sino una caminata sobre la cuerda floja.

Ocho matones de dos metros sudaban la gota gorda cargando el féretro de caoba masiva de Doña Catia. Yo caminaba al frente, flanqueada por Maximo, mientras la banda de música de la mafia desafinaba una marcha fúnebre que sonaba sospechosamente parecida al tema de El Padrino, pero tocada con una trompeta desafinada.

—¿Era necesario que los músicos sonaran como un gato atropellado? —susurré entre dientes, manteniendo la barbilla en alto y la mirada fija en las lápidas.

—Es la banda oficial del clan, Sofía —respondió Marco sin mover un solo músculo facial—. El trompetista principal es el tío Vinnie. Le faltan dos dedos porque se los apostó en una pelea de gallos en el 98, pero la Nonna le prometió que tocaría en su entierro. Si le criticas el solo, Rocco te arroja al foso antes que a la muerta.

—Encantador detalle familiar. Me calienta el corazón.

Llegamos finalmente al panteón de los Moretti, una construcción de mármol negro que parecía la entrada a un banco de máxima seguridad. El cura, un viejito tembloroso que no paraba de persignarse mirando a los hombres armados, dio un paso al frente con el libro sagrado en la mano.

—Procederemos a la bendición final antes de bajar el cuerpo —anunció el sacerdote con la voz entrecortada—. Si alguien tiene algo que depositar sobre el féretro como símbolo de eterno amor... que lo haga ahora.

Rocco avanzó solemnemente. Sacó del bolsillo una manopla de acero bañada en oro y la colocó suavemente sobre la madera pulida.

—Para que le des su merecido a San Pedro si no te deja entrar a VIP, Nonna —sollozó el gigante, secándose una lágrima del tamaño de una uva.

A continuación, un matón apodado "El Navajas" se acercó y depositó una botella de whisky de dieciocho años y un puro cubano sin encender.

—Por si el purgatorio se pone aburrido, Jefa —murmuró con devoción.

Don Silvio Falcone, que no perdía oportunidad para poner a prueba mi supuesta legitimidad, me dio un empujón sutil con el codo.

—Y tú, nieta favorita... —siseó el viejo Capo con pura malicia—. ¿Qué le vas a dejar a tu amada abuela? ¿O es que las herederas de hoy en día vienen con las manos vacías?

Todos los ojos se clavaron en mí de nuevo. Gianna sonrió con autosuficiencia, esperando que tropezara. Maximo se cruzó de brazos, observándome con una mezcla de curiosidad e ironía.

No tenía nada encima salvo las gafas de sol y el pañuelo de encaje que le había quitado a Rocco. De pronto, recordé el pequeño detalle que me había traído a este infierno: la tarjeta de presentación de mi padrastro Roberto, esa que traía en el bolsillo antes de saltar por la ventana.

Metí la mano en el escote de mi vestido, saqué la tarjeta ajada de "Roberto Salazar - Bienes Raíces y Negocios Varios" y la tiré sobre el féretro con un gesto de desprecio digno de una reina.

—¿Qué es eso, ragazza? —preguntó Don Silvio, frunciendo el ceño.

—Es la lista de compras para el infierno, Don Silvio —declaró en voz alta, asegurándome de que todos los matones me escucharan—. Es el nombre del infeliz que intentó extorsionar a la familia. Le he pedido a la Nonna que, en cuanto ponga un pie en el inframundo, hable con el Diablo para que le reserve a mi padrastro una caldera a fuego lento.

Un murmullo de absoluta fascinación recorrió a los cincuenta mafiosos.

—¡Brillante! —exclamó Rocco, rompiendo a llorar otra vez—. ¡Le envió un recado al Demonio con la Jefa! ¡Eso sí es amor filial!

—¡Qué poético! —gritó otro matón—. ¡La Nonna va a usar esa tarjeta como boleto de entrada!

Hasta el cura dejó caer el agua bendita del susto. Maximo me miró de lado, y por primera vez desde que lo conocí, vi cómo intentaba ahogar una carcajada real detrás de la mano.

—Eres una descarada sin remedio —murmuró Maximo, inclinándose hacia mí mientras el féretro comenzaba a descender lentamente hacia la tierra—. Entregarle tu padrastro a la muerta para que se encargue de él en la otra vida... creo que ni a mi abuela se le habría ocurrido algo tan vil.

—Se llama optimización de recursos, primito —respondí, ajustándome las gafas de sol con la mayor seriedad del mundo—. Además, si la Nonna realmente era tan mala como dicen, seguro se alegra de tener alguien a quien atormentar allá abajo.

El cajón llegó al fondo con un sonido seco. Gianna mascullaba insultos entre dientes mientras su padre la arrastraba de regreso a su coche, convencido de que yo era una psicópata digna de la estirpe Moretti.

Cuando la multitud comenzó a dispersarse hacia los vehículos, Maximo me ofreció su brazo para caminar sobre el césped húmedo.

—Sobreviviste al entierro, impostora —dijo con voz suave, apretando ligeramente mi brazo contra el suyo—. Aunque ahora los Falcone están convencidos de que estás loca y mis hombres creen que eres una santa patrona de la venganza.

—Mientras no crean que soy una muerta de hambre con un solo zapato, me doy por satisfecha —sonreí, mirando el coche blindado que nos esperaba—. Ahora, ¿dónde dijiste que estaba la recepción? Me prometieron cannolis y no pienso volver a la mansión sin mi dosis de azúcar.

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