Listo para ir a casa

Así que no regresé directo al condominio después de comprar las telas y el arte.

El mercado ya había llenado mis brazos de tesoros: tres carretes de ese hilo perfecto color oro antiguo, dos cueros de becerro color coñac, suave como mantequilla, una pequeña bolsita de remaches de latón envejecido qu...

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