Para una sorpresa

Pero el suave vaivén del auto, el ritmo constante del motor, el sol en mi cara… todo conspiró en mi contra.

Me dejé llevar. En el sueño estaba corriendo.

No como humana. Como loba. Pelaje dorado reluciendo, las patas apenas tocando el suelo.

A mi lado —Damien, negro como la medianoche, ojos plat...

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