¡No hacer trampas! ¡Nunca!

—¿Fueron 24 horas las que me tomé? ¡No!

El silencio que siguió a sus palabras fue peor que cualquier disparo que hubiera escuchado en mi vida. No era solo quietud; era el sonido de unos cimientos resquebrajándose.

Me quedé ahí, con el pecho como una caverna vaciada, mientras su voz retumbaba en el...

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