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Al empujar la chirriante puerta del ático, un silencio sepulcral me envolvió, roto solo por el leve susurro de las páginas y los ecos distantes de un mundo olvidado. La habitación ante mí era un santuario de conocimiento, un tesoro de sueños esperando ser desvelados.

Mis ojos se abrieron de par en ...

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