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—No puedo encontrarla —exclamó Sia, su voz llena de urgencia, mientras irrumpía en las lujosas cámaras de la reina. La grandeza de la habitación, con sus ricos tapices y brillantes candelabros, parecía desvanecerse en comparación con la angustia grabada en su rostro. Alarmada por la inesperada entra...

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