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—¿Estás enojado? —le pregunto por tercera vez desde que salimos de la casa de Ruarc. Sia no me ha hablado desde entonces, ensimismado, con los ojos fijos en la carretera delante de él. Me pregunto si también robó este coche. Está conduciendo con una sola mano, y el coche huele a Sia, cuero y Anita. ...

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