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Ruarc no podía levantarse. Estaba tendido boca abajo en el barro y la tierra, respirando con dificultad. El olor metálico de la sangre era tan fuerte que Ruarc sentía náuseas. Habría vomitado si pudiera. Sus heridas no se estaban curando. Ninguna herida dolía más que la herida del corazón, siempre d...

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