41

—Quiero ver a Ruarc.

Unos ojos desafiantes se levantaron y se encontraron con los míos. Había corrido todo el camino hasta aquí, y mi camisa rasgada colgaba de mis hombros, mostrando suficiente piel. Él tuvo la decencia de apartar la mirada.

—Él no quiere verte.

—Oh, déjate de tonterías, Cocci. L...

Inicia sesión y continúa leyendo