Cuarenta y seis

—¡Ahh!

—¿Puedes dejar de gritar?

—¿Y qué quieres que haga? Me despierto en un lugar desconocido, solo con ropa interior de encaje, con las manos y las piernas esposadas a la cama. ¿Qué esperas que haga, eh?

Ella pone los ojos en blanco. —Pues no gritar, obviamente.

Ahora yo pongo los ojos en bla...

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