cuarenta y siete

Los árboles pasaban borrosos mientras corríamos, bueno, él corría porque yo solo estaba en su espalda. Intento imaginar cómo se veía el palacio, pero como es casi imposible, dejo de intentarlo, pero no entiendo por qué Cocci ha dejado de correr.

Él dijo que no iba a detenerse.

Le doy una palmadita...

Inicia sesión y continúa leyendo