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—Eso es suficiente —gritó Ruarc desde donde estaba sentado.

El hombre entre mis muslos se detuvo y se volvió hacia él—. Aún no es el momento, mi príncipe.

—Si no quitan sus manos de ella, los destrozaré y venderé sus partes del cuerpo.

Visiblemente tragan saliva y regresan a sus asientos después ...

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