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—¿Todavía no has terminado? —se quejó Massa mientras Prita alcanzaba la bolsa de sangre. La abrió y vertió el contenido líquido en una taza.

—Deja de quejarte. ¿Por qué no eres más como tu hermano? Ya sabes, callado —dijo ella, sorbiendo cuidadosamente de la taza.

—Sia es un hombre paciente. Yo no...

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