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—Trescientos cuarenta y uno—anunció Dolan mientras el último cuerpo era arrojado al camión. Era el de un joven al que le faltaba la oreja izquierda.

—Trescientos cuarenta y uno—repitió Thane con un suspiro—. Si no lo detenemos, podría llegar a quinientos.

—Bueno, ¿qué quieres que haga? Wilhelm no ...

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