Dolorosa verdad

—Lo siento...

...

No pude controlarme... por favor, no me odies.

Sintiendo un gran alivio, pero lleno de preguntas, una risa escapa de mi garganta, invitando a una enorme sonrisa a mi rostro.

—No te odio... Eso solo muestra... cuánto nuestro vínculo intentó unirnos... más de una vez.

—Quiero de...

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