Capítulo 134 137

Miro la limonada entre mis manos. Pequeñas gotas de condensación resbalan por el vaso y empapan mis dedos húmedos. Me aferro a la botella como si me fuera la vida en ello.

—No me extraña que te casaras conmigo.

—¿Eh?

—No me extraña que te casaras conmigo —repito, girándome hacia él—. No te estaba...

Inicia sesión y continúa leyendo