Capítulo 41 No somos cobardes

Por suerte, oigo pasos en la puerta y el chirrido de una llave en la cerradura. «Joder, sí, papis, entrad a buscarme», pienso. Con una sonrisa disimulada, estiro ambas manos hacia atrás y separo las nalgas, dejando al descubierto mis pliegues brillantes e hinchados. ¡Dios mío, qué ganas! Pero cuando...

Inicia sesión y continúa leyendo