Capítulo 7 Fuera de Lugar
Silvia Punto de Vista
No me cabía la menor duda de que estaba sentada en este restaurante de lujo tratando de no sentirme completamente fuera de lugar mientras Gerard estaba haciendo alarde de su poder, su riqueza y su influencia sobre mí, y eso me molestaba muchísimo. Odiaba aún más cómo era capaz de darle la vuelta a la tortilla y hacerme quedar como una imbécil. Hubiera preferido reunirme en su oficina o en una cafetería en lugar de tener que disfrazarme y parecer que pertenecía a la élite de San Diego. Ahora mismo, yo era esa clavija redonda dentro de una caja cuadrada que siempre intentaba evitar. Estaba segura de que todo el mundo podía darse cuenta de que no pertenecía a este lugar. Al menos, estábamos en un comedor privado. No tenía ni idea de que existieran cosas así, lo que demostraba que no pertenecía al mundo de Gerard Hush.
Estaba claro para ambos que no nos llevábamos nada bien. Al mismo tiempo, mis hormonas no podían evitar calentarse y excitarse al verlo. La habitación en la que estábamos tenía un tamaño considerable, pero en el momento en el que entró, su inmensidad, su personalidad, llenó tanto el espacio que me sentí claustrofóbica. Irradiaba energía masculina y todas mis terminaciones nerviosas se estremecían ante su proximidad. Mis hormonas me estaban traicionando. Esa era otra de las cosas por las que estar resentida con él.
El mesonero entró con las cartas.
—¿Quiere ver los menús, señor Hush, o ya sabe lo que quiere pedir? Tenemos algunos platos fuera de carta que podemos ofrecerles.
¿Productos fuera del menú? ¿Eso también existe? Gerard me miró desde el otro lado de la mesa.
—¿Te gustan las vieiras?
—Claro. —Había comido vieiras antes, pero al ser una pobre artista hambrienta, no era algo habitual en mi régimen de comidas. Yo era más bien una chica de fideos con salsa de tomate o Ramen.
Pidió algo que sonaba francés y luego se volvió hacia mí.
—Creo que encontrarás que esto tiene todos los sabores y texturas que requieres en una comida.
Le sonreí, aunque por dentro me sentía como una perra total por la forma en la que lo había atacado antes. Pero, claro, mi perra interior no se iba a contener.
—Bueno, si eso resulta no ser cierto, sé de un gran camión de tacos al final de la calle.
—Existe un momento y un lugar para un gran taco de un camión de tacos. Este no es ese momento.
—¿Vamos a hacer esto toda la noche o vas a ir al grano y decirme por qué estoy aquí?
Él asintió secamente con la cabeza.
—Muy bien, iré al grano. Queremos ofrecerte el puesto de artista principal en Hush Incorporated.
Me quedé boquiabierta.
—Después de mi entrevista, no me puedo creer que no hayas hecho arder mi currículum.
Sus dedos jugaron con el tallo de su copa de vino.
—¿Quién dice que no lo hice?
—Entonces, ¿cómo conseguiste mi número?
Se encogió de hombros. Al hacerlo, me di cuenta de que él no quería estar aquí más que yo. Al igual que en la entrevista, los dos estábamos aquí porque su hermano y mi hermana nos habían obligado a ello.
—Tú y yo no nos llevamos bien. No veo que esto vaya a funcionar, por mucho que Ronny y Kelly quieran —dije, pensando en que ya se me ocurría algo para sacarnos a los dos de este apuro.
—¿Estás diciendo que no crees que puedas hacer el trabajo? —Sabía que se estaba burlando de mí. Estaba pinchando mi ego, o tal vez mi falta de confianza.
—Sé que, en teoría, puedo hacer el trabajo, pero no puedo diseñar tonterías.
Su mandíbula se tensó mientras se giraba para mirar por la ventana del restaurante. Me reprendí a mí misma por volver a ser una zorra. ¿Por qué mi chica mala interior salía siempre a relucir cuando él estaba cerca? Finalmente, se volvió hacia mí, con una expresión ilegible en el rostro.
—¿Vas a aceptar el trabajo o no?
Me quedé mirándolo unos segundos, tratando de entender cuál era su juego. ¿Por qué estaba siguiendo a Ronny y Katy en esto?
—Ni siquiera podemos tener una cena sin atacarnos mutuamente, ¿cómo vamos a poder trabajar juntos?
Se inclinó hacia delante, apoyando los antebrazos en la mesa, mientras me miraba fijamente.
—Déjame endulzarte un poco el trato. Puedo organizar una exposición individual de tus obras en una galería local si aceptas un puesto de prueba de seis meses. —Esta vez no me quedé con la boca abierta, sino que se me cayó la mandíbula al suelo—. Suponiendo que ninguno mate al otro, al final podremos irnos y decirles a Ronny y Katy que lo hemos intentado.
Por supuesto, tendría que aceptarlo. Me arrastraría sobre cristales rotos para conseguir una exposición en una galería. Lo había intentado durante años, pero nunca lo había conseguido. Aun así, me sorprendió que me hiciera la oferta. Por supuesto, estaba segura de que Ronny y Katy lo habían convencido. No sabía cómo, pero lo habían hecho.
—¿Qué ganas tú con esto? —le pregunté.
—¿Qué te importa mientras consigas lo que quieres? —respondió.
Tenía razón. En realidad, no me importaba. Sin embargo, sentía curiosidad.
—Solo quiero asegurarme de que somos justos y honestos.
Sus labios se movieron hacia arriba en una media sonrisa, y santo cielo que eso lo hizo increíblemente guapo. Me pregunté cómo sería si sonreía con toda la boca.
—Bueno, punto número uno, me quito de encima a Ronny y a Katy. Y punto número dos, consigo hacer la campaña publicitaria europea, lo que, punto número tres, de nuevo, me quita de encima a Katy y a Ronny.
—Supongo que eso suena como un trato justo, entonces.
—Entonces, ¿tenemos un trato? —preguntó.
—Tenemos un trato. —Levanté mi copa para chocar con la suya y así consolidar el trato.
Después de nuestro acuerdo, y de que llegara la cena, tuvimos una comida bastante agradable. Seguimos bromeando durante toda la cena, pero ya no tenía el mismo tono que antes. No estaba segura de si era porque me sentía muy bien por tener una exposición en la galería, o por el vino. Tal vez era que Gerard parecía comportarse de la mejor manera posible. Me pregunté si Ronny había hablado con él, o si Gerard se había dado cuenta de lo imbécil que había sido antes y estaba tratando de hacerlo mejor. No estoy segura de por qué estaría tratando de comportarse, teniendo en cuenta cómo lo había tratado yo antes, pero sea cual fuese la razón, disfrutamos de una buena comida y de una animada conversación.
Cuando terminamos de cenar, el ruido en el restaurante había aumentado. La música del piso de abajo estaba más alta y al mirar por la ventana pude ver que había más gente, muchos de ellos bailando en la pista. Él también miró por la ventana y me pregunté si era aquí a dónde venía para acechar a su presa. Apartó la mirada y volvió a centrar su atención en mí.
—¿Te gusta bailar? —me preguntó.
—Claro. —No estaba segura de si me estaba preguntando si quería bailar o si, simplemente, me gustaba bailar—. Pero todavía tengo que trabajar más tarde esta noche, así que voy a tener que irme muy pronto.
Eso no era una mentira completa. Tenía más trabajo que quería hacer, pero en el caso de que él tuviera alguna idea para después, quería asegurarme de tener una salida. Luego, me reí de mí misma porque Gerard no tendría ningún interés en mí, y menos aún con todas esas mujeres rubias de piernas largas que brillaban con sus trajes apenas visibles en la pista de baile. Estoy segura de que podría elegir a la mejor. Probablemente, ya lo había hecho.
Terminamos nuestra comida y me acompañó hasta mi carro.
—Te veré mañana en la oficina —dijo mientras me abría la puerta. Me giré para mirarlo con una sonrisa.
—Sí, debería estar allí alrededor del mediodía, ¿no?
Sus labios se movieron de nuevo en esa media sonrisa. Me hizo desear verle una completa.
Le había dado la oportunidad de hacer algún tipo de respuesta sarcástica, como, por ejemplo, que necesitaba un buen descanso si quería estar presentable, pero no dijo nada. Se limitó a mirarme como si yo fuera un enigma.
Luego, soltó una pequeña carcajada, como si le hiciera gracia algo que estaba pensando. No tuve tiempo de preguntarle, ya que estiró la mano, me rodeó el cuello y me atrajo hacia él fundiendo sus labios con los míos.
Mi cerebro se quedó en blanco de todo, excepto de su sabor, y del calor de su cuerpo al presionarse contra el mío. Justo cuando mi cuerpo empezaba a derretirse contra el suyo, dio un paso atrás, se giró y empezó a alejarse.
¿Qué demonios?
Mientras seguía caminando, me dijo por encima del hombro:
—Eso ha sido una venganza por lo de ayer.
Conseguí abrir la puerta del carro y, con las piernas temblorosas, meterme dentro. Me senté tras el volante con el corazón acelerado y la mente en un torbellino por lo que acababa de pasar. No podía decir que odiara a Gerard Hush, pero definitivamente no me gustaba. Entonces, ¿por qué cuando estaba tan cerca o cuando nuestros labios se tocaban, mi cuerpo reaccionaba de esa manera?
Empecé a darme cuenta de que trabajar para él podía ser un problema aún mayor de lo que había previsto. Antes, lo que me preocupaba era aburrirme o que mi creatividad se viera sofocada. Pero ahora, tenía que preguntarme si mis hormonas se volverían locas siempre que él estuviera cerca.
