Capítulo 41 ¡CORRE, CORRE!

La sirena de mi teléfono sonó a un milímetro de mi boca.

El sonido metálico rebotó contra el mármol del balcón, rompiendo la proximidad que nos mantenía a Sebastián y a mí atrapados a centímetros de distancia. Retrocedí un paso por puro instinto, metiendo la mano en el bolsillo de la chaqueta de es...

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