Capítulo 38: La audacia de engañarme

El rostro de Oliver era una máscara impenetrable, una fachada que Amelia conocía muy bien. Era la calma antes de la tormenta, un exterior tranquilo que ocultaba un furioso infierno de ira.

—¿De qué estás hablando? ¿Por qué dices que estoy tratando de retenerte?

Amelia seguía en negación, su expres...

Inicia sesión y continúa leyendo