Capítulo 2 CAPÍTULO 2
El viaje fue agotador a pesar de viajar en primera clase. Estoy cansada, solo quiero recostarme un rato. Vamos camino a recoger nuestro equipaje cuando llega mi amiga con sus locuras
—Amiga. Ahora que estamos aquí, te voy a presentar a unos amigos que estoy segura de que te van a caer bien, y quién quita y alguno te gusta —dice Gia emocionada y esperanzada, por Dios. ¿Será que me veo tan abandonada.
—Vamos, Gia, ya te dije lo que pienso al respecto. Además, pienso dedicarme a mi trabajo si es que lo consigo —suspiro—. Por cierto, ¿ya les dijiste a tus padres que te vas a tomar un tiempo de descanso? —subo mis dedos haciendo comillas en descanso.
Ella hace un mohín y luego suspira
—La verdad es que no, me van a dar la famosa charla, pero sabes que me la aguanto porque la verdad quiero un descanso; luego buscaré entrevistas en una constructora —termina con una risita; mi amiga siempre está feliz; la verdad, a veces me irrita tanta alegría y ella lo sabe, pero igual no le importa
—Solo tú estudias algo que no tiene que ver con el negocio familiar. —Ahora soy yo la que me burlo
—Sé que es extraño, pero créeme, ese mundo no es para mí. Todo es falso, superficial, aunque mi hermano quizás piense que soy así. No lo sé —dice tomando su equipaje, pero en su rostro hay algo más, lo sé.
—¿Qué pasa, Gia? —pregunto con curiosidad—. ¿Por qué de repente te pones tan seria? qué es lo que no me has contado.
—Es que… Bueno, es que, por Dios, parezco una adolescente, te lo voy a decir. Hay una persona que siempre me ha gustado, pero sé que no me ve de la misma forma —dice en un tomo melancólico y triste mientras caminamos a la salida de aeropuerto—. Es el amigo de Mark, se llama Mario y trabajan juntos; siempre me ha gustado, pero él nunca me ha prestado atención; supongo que es porque soy una cría para él y quizás también porque cree que soy una superficial.
Abrazo a mi amiga y la trato de animar
—Gia. Mírame, ahora soy yo la que te lo va a decir. Tú eres una gran persona con un corazón enorme que me consta y, además, súmale que eres muy bonita. Espera que te vea ahora que ya no eres una niña —me mira sonriendo y ahí está mi amiga de vuelta—. Verás que esta vez será él el que esté detrás de ti como un bobo, ya verás. Te acordarás de mí —quiero que ella sea feliz porque mira que ha besado sapos, sin ningún resultado positivo— y ahora, cambiando de tema, ¿para dónde nos vamos? —pregunto con interés.
—Bueno, amiga. Vamos a mi piso, tú te quedarás conmigo hasta que quieras —me dice con sinceridad— porque sé que en cuanto puedas me vas a dejar.
—Ya. No seas dramática, ¿sí? Tú sabes que necesito mi espacio y tú el tuyo. Además, tengo que empezar mi vida, ¿no te parece?
—Sí es cierto y es broma tonta, quédate conmigo hasta que quieras y cuando consigas dónde mudarte haremos una megafiesta, desenfrenada —soltamos carcajadas por la ocurrencia—, pero venga, vamos a casa a descansar porque esta noche hay una cena en casa de mis padres y, obvio, tú vienes conmigo. —Tomamos un taxi para dirigirnos a su piso.
—¿Estás segura de que no les molestará?
—No. Para nada, mis padres son personas muy cariñosas y amables.
Ahora que me está contando de ellos, es hora de preguntar, así me muera de la vergüenza.
—Gia, ¿cómo son tus padres? —La sondeo esperando su respuesta—. Digo, no quiero sonar entrometida, pero es que no sé.
— Tranquila. Es normal que tengas curiosidad; ellos son, como te dije, amables; a pesar del dinero que tienen, no son los típicos ricos odiosos; ellos vienen de abajo. Mi padre construyó su imperio con esfuerzo y mi madre es muy cariñosa; en cuanto te vea, te va a coger como otro de sus pollitos, créeme. Y bueno, mi hermano Mark —suspira y se queda pensando un rato—, él es un amor conmigo, pero es el típico mujeriego; él ahora está al frente de la empresa —se encoje de hombros—, total. Al final él será el dueño porque yo no quiero ese mundo; seré dueña junto a él solo en papeles porque no me interesa involucrarme en la empresa, pero en fin, como te dije, él es también muy amable —dice mientras llegamos a unos edificios muy exclusivos—. Él tuvo una mala experiencia y no sé, se volvió más cauteloso en cuanto a relaciones y me da pesar porque, a pesar de todo, es un buen hombre —me mira con interés—, pero ya lo conocerás. —Entramos en el edificio y subimos en el ascensor. Llegamos al octavo piso, el ascensor se abre y entramos al departamento. —Bienvenida a casa, Alicia —me dice mi amiga.
—Wau, es muy lindo, Gia de verdad que sí, gracias. —Es un apartamento grande, sobrio y bonito; su decoración es en tonos blanco y rojo
— De nada, amiga, estás en tu casa, ven y te lo muestro; por aquí está la sala, la cocina. Por este pasillo están los cuartos; son tres. Cada uno con su baño; esta puede ser la tuya, es una de las dos más grandes. —Entramos en la tercera puerta y sí, es hermosa, tiene una ventana desde el suelo hasta el techo, una cama king, un armario enorme y el baño, ¡Dios!, en esa bañera podría pasar mi vida...
— Gracias de nuevo. De verdad —la abrazo
—Vamos a descansar, nos vamos a las siete para la cena, así que descansa. Mi habitación es la primera; siéntete en tu casa porque es lo que es de ahora en adelante, ¿está bien? —me dice desde la puerta
— Está bien. Nos vemos más tarde; ahora sí te tomo la palabra, voy a descansar porque de verdad estoy agotada. —Asiente y se va a su habitación.
Abro mi maleta en busca de lo necesario para tomar una ducha y dormir un rato; estando en la ducha, reflexiono acerca de mi vida e inevitablemente vuelven a mí recuerdos dolorosos. ¿Por qué me tuve que fijar enél? Santiago, que lo único que hizo fue acabar con mi confianza y casi acaba conmigo físicamente también, estuvimos juntos dos años, pero el último año fue doloroso. Me maltrató hasta que se cansó. lo conocí cuando tenía dieciocho años, recién llegada a Londres. Él me mostró a una persona que no era. Al principio todo era perfecto, me trataba como una reina, pero al cabo de un año todo fue cuesta abajo hasta que no pude más, hasta que una noche casi me mata y desapareció de mi vida después que le dije que lo iba a denunciar; por eso me prometí que ningún hombre va a jugar conmigo, eso ya hace un año.
Dejo que el agua corra por mi cuerpo para relajarlo. Salgo de la ducha, me coloco solo ropa interior y me acuesto a dormir; entre recuerdos dolorosos y con ganas de seguir adelante, me quedo dormida.
