Capítulo 4 CAPÍTULO 4
La cena pasa divertida; todos reímos y hablamos. Menos Mark, que solo observa y no interviene mucho. Les contamos cómo nos conocimos; les cuento que a veces los quiero dejar sin hija porque despierta muy temprano y pone música a todo lo que da, lo que los hace reír y ella me saca la lengua. Toda la cena transcurre normal hasta que Mario pregunta interesado.
—Chicas, pero cuéntenos, ¿cómo dejaron los corazones en Londres? —Eso hace que Gia voltee los ojos y yo me tense; no quiero hablar de eso. Todos nos miran interesados, incluyendo los padres de mi amiga, la cual responde.
—A ver, Mario. Ningún corazón roto. Nosotras somos libres y sin compromiso, ¿entendido?
—¡Vamos! Ya no eres una niña, Gia y aunque no me agrade, sé que has tenido tus parejas —dice Mark mirándonos—, y de seguro que tu amiga también los tendrá, ¿o me equivoco? —Capullo es lo que pienso.
—Déjala, Mark. Eso no es problema tuyo —interviene su madre, que se ha dado cuenta de que estoy tensa—. Tranquila, cariño, es que estos hombres son muy curiosos.
—Sí, claro, no se preocupe —embozo una forzada sonrisa hacia ella.
—Pasemos a la sala a tomar unas copas, ¿les parece? —dice Ian y todos asentimos. Yo me levanto y me disculpo para ir al tocador; me indican dónde está y me dirijo a él. Una vez dentro, me retoco el maquillaje, pero estoy molesta por el comentario del hermano de Gia. Qué grosero, pero respiro hondo.
—Cálmate, Alicia, relájate, no le pares a ese egocéntrico —me digo a mí misma mientras me retoco el lip gloss. Cuando estoy lista, me propongo salir, pero cuando abro la puerta... ¡MIERDA! ¿qué querrá? Frente a mí está Mark mirándome de arriba abajo y tengo que decir que solo eso hace que la piel se me enchine. Trato de ignorarlo, así que paso por su lado, pero él me toma del brazo.
—¿Qué deseas, Mark? Nos están esperando abajo —le digo
—Es que te he estado observando y sé que me miras. —Le miro extrañada y él pone los ojos en blanco y prosigue. —Bueno. Que me tienes ganas, niñita. —Creo que mis ojos van a salir de órbita por lo que ha dicho, tan obvia soy. Jesús. Trágame, tierra, así que le respondo lo más tranquila que puedo después de esa bomba.
—Mira. Déjame decirte unas cositas. Primero, no me llames niñita. —Él solo me mira—. No te voy a negar que eres atractivo, pero de eso a tenerte ganas, ¡por favor! Tu ego es más grande que esta casa —me alejo de su agarre—. Ah, y si te miro es que nunca había visto a un capullo en toda su expresión, en vivo y en directo. mucho menos gratis, ¿me entiendes? —Se tensa y cuando me volteo para irme me toma del brazo y me empuja contra la pared. ¡Mierda!
—¿Así que soy un capullo? —me susurra cerca de la oreja y huele delicioso. A loción. Mmm... Ya, Alicia, compórtate.
Lo alejo.
—Sí, y déjame en paz. —Me decido a bajar a la sala cuando lo escucho y de verdad me deja sin palabras lo que me dice.
—No sacarás nada de mi hermana; ella no quiere involucrarse en la empresa, así que no te vas a aprovechar de su posición ni mucho menos de la de mi familia, pero yo sí te puedo dar cosas interesantes. —Pero ¿qué coño está diciendo? Me volteo y lo enfrento.
—Mira, capullo maximizado, a mí no me hablas así porque no me conoces; tu hermana es mi amiga. Es como mi hermana y jamás me aprovecharía de ella ni de tu familia —siseo con odio por su atrevimiento; me mira con desdén y responde.
—Sí, claro, todas son iguales. Unas interesadas —no lo soporto más. Me prometí que nadie más me iba a maltratar ni verbal ni físicamente, así que le estampo un bofetón con toda la rabia. Él me mira sorprendido y con odio, me toma de la muñeca con rabia y me está lastimando.
—Mira, niñita, ¿quién te crees que eres para golpearme? ¡AH! —me grita y estoy a punto de desfallecer; me odio por ser tan débil.
—Suéltame —susurro—, me estás lastimando —pero él está apretándome más fuerte. Estoy por entrar en pánico. No, no aquí, no otro ataque de pánico. ¡No!
—¿Te lastimo? —dice con indiferencia—. Pues me vale una mierda, ¿quién te crees? A mí nadie me pone una mano encima —y no aguanto más. Un sollozo sale de mi garganta y comienzo a forcejear y no sé, pero tengo miedo... estúpidos traumas.
— Déjame. No me hagas daño, por favor... ya no más. —No sé de dónde salió eso, mierda, estoy jodida. De repente me mira con arrepentimiento y creo que lástima, ¿no? ¡Maldita sea! Odio que me tengan lástima, así que cuando me suelta bajo corriendo las escaleras, dejándolo en el sitio sorprendido y en su rostro me parece ver culpa y, sin decir una sola palabra, me voy corriendo, pero me detiene Penélope en el camino.
—Pero, mi niña, ¿qué te pasó? —No me sale la voz, pero me esfuerzo.
—Discúlpame. Me tengo que ir, adiós. Discúlpame con los demás —y sin más salgo de su casa dejándola parada en medio del vestíbulo de su casa y camino para encontrar un taxi que me lleve al piso; solo quiero llegar y meterme en la cama por ser tan estúpida y débil.
POV MARK
Estoy en mitad del corredor en shock. ¿Qué mierda me pasó? Yo venía a seducirla y me comporté como un animal con ella. Pero qué te pasa, Mark. ¿Tú no eres así? Desde que la vi me pareció interesante. Vamos, sé que dije que era una mocosa, pero Dios, de mocosa no tiene nada, está muy buena la condenada. Esas curvas, ¡Jesús!, cálmate, que pareces un adolescente precoz; tiene unas piernas que matan y un trasero que, ¡joder! De solo recordarlo me duele la entrepierna. Pero cuando me abofeteó, me dio mucha ira; nadie me habla así. Es más, todas quieren cosas materiales, ¿no? Sé que me pasé al decirle que estaba usando a mi hermana, pero es que no toleré su rechazo. Soy un cabronazo, pero no esperaba su reacción; me sentí como un verdadero capullo. la vi tan indefensa que me dolió; quise abrazarla y consolarla... ¡YA, MARK! ¿QUÉ TE PASA? ¿DESDE CUÁNDO PIENSAS COSAS TAN CURSILES? me pateo mentalmente; mejor voy a buscarla. Bajo y solo están mi padre, Gia y Mario; ¿dónde estará? En ese momento entra mi madre muy preocupada.
— Gia. Mi amor, Alicia se acaba de ir y déjame decirte que iba llorando —mierda. Soy una bestia
—¿¡Qué!? —grita mi hermana—. ¿Y la dejaste que se fuera? ¡Mamá, por Dios! —Se frota la sien y me siento peor.
—A ver, hermanita. Cálmate ya, es una mujer adulta, quizás se sentía mal. —La sondeo para ver qué me dice y ella me mata con la mirada, pero está preocupada. ¿Qué es lo que ocultan?
—Sí, hija. Mark tiene razón —interviene mi padre.
—Ustedes no entienden... A ver, mamá, ¿te dijo algo? —pregunta y mi madre está preocupada.
—Sí, hija. Apenas me dijo que se tenía que ir, que la disculpáramos. ¿Por qué? ¿Qué le pasa?
—Me tengo que ir, mamá. Alicia tuvo un ataque de pánico y eso no lo tenía desde hace mucho —dice ella y me quiero dar contra las paredes por ser tan insensible.
—¿Y esos ataques de pánico qué los ocasiona? —pregunto con disimulo, ganándome una mirada de interés de Mario. Lo que me faltaba; él me conoce tan bien que ya debe estar maquinando que fue mi culpa.
—Ella... Ella... yo no soy quién para divulgar su vida, pero ¡o por Dios! ella ha tenido una etapa muy difícil; lo único que les puedo decir es que fue víctima de maltratos y... y bueno, ella solo entra en pánico cuando se siente amenazada y ya no les digo más nada. —Me tenso al oír la palabra maltrato. Cómo puede ser. Ella se ve tan frágil y es incapaz de hacerle daño a otra persona. ¡O cállate! me dice mi subconsciente, ni siquiera la conoces. Mi madre se lleva las manos a la boca sorprendida, horrorizada y pregunta.
—Sus padres la maltrataban —pregunta mi madre y mi hermana niega. Siento que quiero matar a alguien porque su mirada dice que fue un hombre... que carbón le haría eso a una mujer como ella? Y me odio más porque yo soy el causante de que sus ataques de pánico regresasen.
—Me tengo que ir —dice despidiéndose de mis padres—. Yo los llamo, nos vemos.
— Te llevo —me ofrezco de una vez
—Sí, gracias. Adelántate, ya voy. —Salgo lo más rápido que puedo, pero me alcanza Mario con su interrogatorio.
—¿Qué le hiciste, Mark? Te conozco —suspiro, arrepentido.
—Nada. Una cagada muy fea; luego te cuento. —Mi hermana sale de la casa con prisa.
— Venga rápido, necesito verla y saber que está bien. —Todo el camino ella va meditando; apenas llegamos, subimos rápido. Al llegar al piso, todo está en silencio y ella va hasta una de las habitaciones y me deja con el alma en un hilo. ¿Por qué me siento así? Yo nunca había estado tan preocupado por una mujer. Ni por... Sacudo mi cabeza y alejo ese pensamiento mientras Mario a mi lado me mira de forma reprobatoria.
POV ALICIA
Siento que la puerta se abre y logro ver a Gia a través de mis lágrimas. me duché y me metí debajo de las sábanas a llorar. Ella se sienta en la cama y acaricia mi cabello, lo que hace que solloce más.
—Shhhh.... Ya cálmate. Estoy contigo, Ali, relájate, ¿qué te pasó? ¿Qué te puso así, amiga? —dice triste; ella siempre está a mi lado cuando la necesito.
—No lo sé —miento—. De repente me sentí mal y no pude controlar mis emociones.
—Bueno, ya. Te voy a preparar un té que te va a hacer sentir mejor, ¿sí? —Asiento y ella se va a la cocina.
Me quedo pensando que mi vida es una mierda y que de verdad estoy jodida. Jamás podré ser la misma de antes y entre lágrimas me entrego a los brazos de Morfeo.
