Capítulo 5 CAPÍTULO 5

POV MARK

Estoy trabajando en el despacho de mi apartamento. Es sábado, así que estoy adelantando unos pendientes que merecen mi atención, pero no me puedo concentrar; solo hay una persona en mi mente y esa es Alicia; todavía me siento culpable de lo que pasó.

Ayer, cuando Gia salió de su habitación, estaba muy afectada; se le veía triste y ella es la viva imagen de la alegría, así que supongo que estaba mal... por mi culpa. Sí, soy una bestia; no he querido llamarla, no quiero que piense que estoy interesado en ella, pero a quién engaño, sí me interesa, pero no, no voy a caer de nuevo, eso no me va a pasar de nuevo, necesito desahogarme y no pensar en ella, y qué mejor que llamar a Mónica, así que agarro el teléfono y le marco.

—Hola —contesta muy melosa; esta mujer es desesperante, pero de que es buena en la cama, lo es. Así que, qué más da.

—Hola, preciosa, ¿cómo estás?

—Bien, amorcito. Esperaba que me llamaras, ¿sabes? no tengo nada que hacer y de verdad quiero verte. —Pongo los ojos en blanco, porque, maldita sea, tiene que ser tan melosa.

—A ver, Mónica. No me digas nada, porque yo siempre he sido sincero en lo que tenemos y tú estuviste de acuerdo desde el principio, solo somos compañeros de sexo, ¿sí? —Ella respira profundo y sé que viene el problema.

—Escúchame, Mark. Si acepté lo que teníamos es porque yo pensaba que tú y yo con el tiempo podríamos tener algo más —dice con una rabia contenida y tengo que hablar claro.

—Mónica. Dime si quieres seguir con nuestro acuerdo ¿sí o no? yo te dije que no busco una relación seria y en eso quedamos, no quiero compromisos así que está en tus manos si quieres que sigamos adelante o lo dejamos por la paz, porque veamos, tú te beneficias cuando te propongo como imagen de las campañas y de los desfiles —digo irritado porque todas estas mujeres solo quieren lo que les puedo dar para impulsar sus carreras y la verdad no me interesa lo que busquen si yo consigo lo que me interesa— así que responde, porque quería encontrarme contigo hoy. Pero si no quieres más nada, no importa, olvídalo. —Ella solo está en silencio; estoy por cortar cuando la escucho.

—Bien, amorcito, sí. Tienes razón, pero es que tú tienes que entenderme; yo de verdad te quiero a ti —más bien mi dinero pienso—, pero quiero que consideres tener algo más formal conmigo —aquí vamos. Que te conozco bien, Mónica.

—No sé... —Pero ella me interrumpe.

—Vamos, amorcito. Ya —es hora de que superes a Carolain y... —La corto.

—No vuelvas a nombrarla de nuevo, ¿me entiendes? —le digo apretando mis dientes por la ira acumulada.

—Está bien, amorcito. Nos vemos esta tarde en donde siempre. ¿Te va bien a las cinco? —pregunta.

—Sí. Está bien, hasta entonces, Mónica —termino mi llamada.

No quiero recordar a esa mujer, me enferma y me hace que me quiera dar contra un muro por ser tan blando e ingenuo con una mujer; solo pensar el día que la encontré en la cama con su amigo, el supuesto gay, todo era un montaje. La muy perra me estaba sacando dinero y mantenía a su amante y, claro, yo soy el más carbón de todos. Lo recibí como un amigo, ya que supuestamente era el mejor amigo de mi novia, y no me estaba dando cuenta de que no era tan gay como aparentaba y no solo eso, sino que se estaba follando a mi novia a mis espaldas. Por eso desde ese día me dije que ninguna mujer me iba a tomar por idiota; todas son unas interesadas materialistas... El sonido del timbre me saca de mis pensamientos; salgo del despacho y abro la puerta y ahí está mi amigo con una cara que da pena ajena.

—Hey, ¿qué pasó? ¿Por qué esa cara, amigo? —preguntó haciéndolo pasar.

—¿Qué quieres que te diga? Que estoy jodido. —Suspira y tengo la seguridad de que se debe a un par de piernas.

—Escúpelo, ¿quién es? —le digo buscando un par de cervezas y las llevo hasta la sala donde tomamos asiento; él solo me mira, pero no dice nada. —Vamos, ya dime que no soy la Inquisición —le digo; respira hondo y empieza su letanía.

—A ver. Sí hay alguien, bueno, siempre lo ha habido, solo que antes no lo quería ver porque esta persona era muy joven y tenía un futuro por delante; en pocas palabras, no quería retenerla conmigo si iba a renunciar a su sueño. —Creo que mis cejas llegaron hasta mi cuero cabelludo de la impresión, Mario hablando de esa manera. Está jodido.

—Y... —Lo animo a que siga.

— Bueno. Que la he vuelto a ver y la quiero conmigo, pero no sé cómo acercarme a ella. Es estúpido, ¿no? Después de tantas mujeres que hemos tenido, no sé cómo actuar con ella; parezco un crío. —Se jala el cabello hacia atrás y ahora sí estoy intrigado.

— A ver, dime... ¿Estás?... Joder, ¿estás enamorado? —lo miro incrédulo; él frunce el ceño y luego emboza una sonrisa y ahí está mi respuesta.

—Sí, amigo, siempre he estado enamorado de ella... Ella es sencilla, nada superficial como las típicas mujeres que vemos. Ella es una gran mujer y la amo, ¿ya? ¿Feliz? Y ahora que la volví a ver, la quiero para mí y de verdad quiero alejarme de esa vida que no me trae nada bueno.

—¿Cómo que no te trae nada? ¿Y el buen sexo qué? —Pone los ojos en blanco y me responde.

—No, Mark. Yo con ella quiero algo más serio. —Estoy con la boca abierta.

—Pero hay algo que no entiendo, ¿qué te tiene tan jodido que no sabes qué hacer? —pregunto.

—Bueno... es que primero no le he dicho que la quiero; siempre la traté con indiferencia y además hay otro problema —me mira y dice—: es que no se si... bueno, es que...

—¡Dime ya! Ve al punto —le digo desesperado—. ¿Qué coño pasa? Pareces una puta película de suspenso.

—Está bien. Es que quiero saber si tú no te molestarías... —Lanzó una carcajada, ¿qué coño?

— Me estás pidiendo permiso, cielito, pero si yo no soy celoso —le digo burlón; él me da un puñetazo en el brazo.

—No te burles, ¡joder!, que es difícil para mí; lo que quiero decir es que esta mujer es... es... coño, que amo a Gia.

Decir que mis ojos no están abiertos como platos es poco; me levanto de un salto.

—¿¡Pero qué mierda dices!? —le grito. —Joder, si es mi hermanita. —Venga, es una broma. —Él me mira y niega. —¿Desde cuándo estás enamorado de ella?

—Desde siempre, pero cuando supe que se iba a estudiar a Londres no quise decirle nada, ¿me entiendes? —asiento sorprendido.

—Yo no soy quién para meterme en sus vidas, pero te conozco y sé que la puedes hacer sufrir, hombre. —Él niega con la cabeza. —Que nos conocemos y sabes que digo la verdad.

—No, Mark. Yo la amo, voy a intentar conquistarla. —Lo miro sorprendido; mi hermana es una buena mujer y se merece lo mejor, pero lo que no sé es si Mario es lo mejor, pero qué coño se yo de esto; además, es mi amigo y parece sincero.

—Bueno, amigo, yo no soy nadie, ustedes son adultos, por mí no tienes por qué preocuparte, pero si le haces daño, me olvido de que eres mi hermano y te guindo de tus pelotas, ¿me entiendes? —le digo con toda la seriedad que la situación lo amerita. Él me mira sorprendido por mi epíteto y asiente

 —Está bien, amigo, te juro que eso no va a pasar. Créeme, quiero conservarlas —eso me hace reír.

—Eso espero y ahora, si me disculpas, me voy a cambiar porque tengo una cita con Mónica. —Él pone los ojos en blanco y me dice.

—Deja a esa mujer. No te conviene. ¿Qué pasó con la amiga de Gia? Es linda, simpática y, con todo respeto, la condenada está buena —lo miro como para matarlo y él levanta las manos a la defensiva—. Yo solo decía.

—Sí. Tú solo dices: Si quieres algo con mi hermana, vas a tener que dejar de hacer ese tipo de comentarios y no hables así de Alicia.

—Huy. Te gusta, ¿verdad? —se ríe entre dientes.

—Ya. No sea payaso, claro que no —miento—, no voy a negar que es linda, pero es solo eso. Además, con lo que pasó... —Me detengo.

—Sí. Sí, hombre. Ya sé, pero puedes remediar las cosas, ¿no? —pregunta y yo niego con la cabeza.

—Bueno. Solo piénsalo, ya es hora de que busques algo real —me dice serio— y te dejo para que te cambies y vayas con la chupasangre de Mónica, amorcito —se ríe.

—Sí, claro. Payaso, además, ella es real, ¿o no?

—Si te refieres a todas sus cirugías e implantes... Si ella es la definición de real —dice sarcástico.

—Ya cállate, capullo. —Me río.

— Me voy, llámame a ver si quedamos a tomar algo esta noche, ¿te parece?

—Sí, hombre, me parece; apenas termine mis asuntos te llamo.

— Perfecto. Adiós y piensa en lo que te dije, no todas son unas perras interesadas y gracias por comprender que amo a tu hermana. —Asiento y sale de mi departamento.

Me dirijo a mi habitación para cambiarme e ir al hotel; nunca traigo mujeres a mi piso, es mi refugio privado; todas mis aventuras siempre van al hotel donde tengo una suite reservada siempre; se puede decir que es mía. Una vez listo, me dirijo a mi coche y le envío un mensaje a Mónica avisando que voy en camino.

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