Capítulo 2 Calidez e indiferencia
Bella le lanzó a Zoey una mirada desconcertada. Zoey, la señora de mediana edad que siempre había apoyado a Bella, parecía un poco asustada hoy.
—Señorita Grey, el señor Windsor ha vuelto. Está en el estudio de arriba —dijo Zoey, señalando hacia arriba.
El rostro de Bella se puso pálido como un fantasma al escuchar las palabras de Zoey.
—El señor Windsor quiere verte en el estudio cuando regreses. Ten cuidado —añadió Zoey, dándole a Bella un gesto tranquilizador antes de marcharse.
Bella respiró hondo. Miró las escaleras, temiendo la subida pero sabiendo que no podía evitarlo.
Trató de hacer el menor ruido posible, esperando que el hombre en el estudio no la notara.
Cuando llegó a la puerta del estudio, tocó suavemente. La voz de Sterling vino desde adentro, fría y autoritaria.
—Entra.
Bella abrió la puerta y entró, quedándose cerca de la entrada. Todavía había una buena distancia entre ella y Sterling, que estaba detrás del escritorio.
Sterling estaba enterrado en documentos de trabajo. Apenas levantó la vista cuando ella entró.
—¿Por qué estás tan lejos? ¡Acércate!
Bella respiró hondo otra vez y caminó más cerca. Esta vez, Sterling finalmente dejó sus papeles y la miró.
—Si no recuerdo mal, pronto cumplirás 18, ¿verdad? —preguntó Sterling de repente.
Las piernas de Bella se sentían como gelatina. Quería salir corriendo, escapar de esa casa de pesadilla.
Sterling había dicho una vez que le quitaría todo cuando fuera adulta, incluida su virginidad. Esta era la última línea de defensa de Bella.
De repente, los ojos de Sterling se posaron en el uniforme escolar desgastado y raído de Bella.
—¿Estamos en bancarrota o qué? ¿Ni siquiera puedes conseguir ropa decente? —dijo Sterling, frunciendo el ceño.
—¡No quiero tu caridad! —espetó Bella, encontrando la mirada de Sterling con ojos llenos de desafío y odio.
Aunque Bella vivía en la casa de Sterling y era cuidada por Zoey y los demás, siempre rechazaba la ayuda de Sterling. Quería demostrar que su padre, Lucas, no era el pecador que todos decían.
Sterling se enfureció porque Bella se atrevió a responderle. Su mirada helada hizo que el valor de Bella desapareciera.
La tensión en el estudio era palpable. Justo cuando Bella se preparaba para el castigo que venía, hubo un golpe en la puerta.
—Señor Windsor, la cena está lista —llamó el mayordomo, Owen Reed, desde afuera, dándole a Bella un momento de alivio. Por ahora, estaba a salvo.
Después de la cena, Bella regresó al cuarto de almacenamiento donde se quedaba.
En ese pequeño espacio, Bella sentía que finalmente podía respirar. Miró por la pequeña ventana al mundo exterior.
Copos de nieve tan grandes como plumas de ganso caían del cielo. Estaba nevando otra vez este invierno.
