Capítulo 37

Isabella dejó escapar un gemido de satisfacción.

—Más rápido... abrázame fuerte. Señor Smith, ¡estoy a punto de llegar!

Observé a la salvaje Isabella, sintiendo sus dedos apretar mis caderas con fuerza, sin dejar espacio entre mi grueso pene y ella.

Sus labios ligeramente hinchados seguían frotán...

Inicia sesión y continúa leyendo