Capítulo 68 68

Salgo del auto y me doy cuenta de que estamos en el estacionamiento del hospital. El cielo sobre nosotros es de un azul zafiro intenso, y los últimos jirones de luz solar me calientan los brazos descubiertos. Había olvidado lo bien que se siente el sol. Me juro no volver a darlo por sentado.

—¿Está...

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