Capítulo 83 83

Su expresión era lánguida, ligeramente curiosa ante mi inesperada visita.

—¡Maya! —exclamó con falso entusiasmo—. Qué agradable sorpresa. ¿Por qué diablos no llamaste para avisarme que estabas en Los Ángeles? Habría enviado a alguien a recogerte al aeropuerto, en lugar de que soportaras todo ese ca...

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