Capítulo 33 33

Un hombre de hombros anchos y cabello canoso terminó de acomodar unas tazas cerca de la estufa y se dio la vuelta al vernos entrar. Se limpió las manos con un trapo y sus ojos se abrieron de golpe al fijarse en mí.

—Ah, Maya... —pronunció con un marcado acento**—. Ça fait des années. Tu es magnifiqu...

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