Capítulo 56 56

Mi padre cerró los ojos un momento antes de contestar, como si buscara la fuerza física necesaria para las palabras, no solo el valor.

—¿Dónde la conseguiste?

—La encontré en tu caja fuerte. Con una carta. Sin firmar.

Abrió los ojos de nuevo, fijos en el techo, no en mí.

—Se llamaba Renata.

Esperé, ...

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