Capítulo 32 El trato que sigue en pie

Nicolás volvió al mediodía, con el pelo revuelto y las mangas remangadas. Traía una bolsa de papel de la panadería del puerto, de donde yo sabía que salían los mejores bizcochos de Montsalvo desde hacía veinte años.

—¿Cómo fue la mañana? —preguntó, sirviéndose un café que claramente no era el prime...

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