CAPÍTULO 199

—¿Por qué no me dejas en paz si no me vas a matar? —dije un poco molesta. Mi voz era muy baja porque mi garganta estaba dolorida y seca como el desierto. No entendía a Roman, parecía que iba a asesinarme hace unos días, pero aquí estaba, viva. Se veía casi como el mismo tipo que conocí el primer día...

Inicia sesión y continúa leyendo