CAPÍTULO 237

El estandarte había desaparecido, pero el frío que dejó detrás persistía.

Incluso horas después, la casa de la manada no se había calmado. Los guerreros revisaban una y otra vez los puestos del perímetro. Las madres abrazaban a sus crías un poco más fuerte. Los aprendices susurraban demasiado fuert...

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