CAPÍTULO 238

Lo llamaban el Hueco de la Serpiente porque la tierra se deslizaba bajo tus pies.

El bosque aquí no tenía canto de pájaros. No había viento. Solo niebla que nunca se levantaba y árboles que se inclinaban como si estuvieran escuchando. Cuanto más profundizábamos en nuestra caminata, más se apretaba ...

Inicia sesión y continúa leyendo