CAPÍTULO 240

La paz no duró. Nunca lo hacía.

Regresamos de la cabaña justo después del amanecer. La casa del grupo permanecía quieta bajo la luz pálida de la mañana, el olor a ceniza era leve pero inconfundible en la brisa. Lo supe antes de verlo—nos habían tocado de nuevo.

Una serie de marcas de garras tallad...

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