CAPÍTULO 34

El bosque estaba inquietantemente silencioso mientras Arlen y yo avanzábamos entre los densos árboles. Mi corazón latía con fuerza, y cada crujido de una rama o el susurro de las hojas me ponía los pelos de punta. Nos estaban cazando. Los gritos de las banshees aún resonaban en mis oídos, sus lament...

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