CAPÍTULO 37

El olor a humo y sangre llenaba el aire mientras Alpha Jeremiah y yo regresábamos a su manada. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, el miedo se aferraba a cada respiración que tomaba. La manada había sido atacada de nuevo. El mismo lugar que se suponía debía ayudar a proteger, donde debía servir...

Inicia sesión y continúa leyendo