Capítulo 41 Bandejas voladoras y celos de esquina

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​—Te juro, Francheska, que si ese nuevo sistema de inventario digital vuelve a borrarse, voy a renunciar para irme a vivir a un monasterio budista en el Tíbet donde los únicos números que existan sean las veces que respiro al día —le digo a mi amiga mientras le doy un sorbo a mi jugo de mora co...

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