Capítulo 44 Nunca debimos

FRANCHESKA

​El calor de la boca de Dante todavía arde en mi piel, y el eco de su respiración agitada retumba en las paredes metálicas del archivo cuando el sonido seco de unos tacones altos resonando en el pasillo exterior nos devuelve de golpe a la fría y despiadada realidad de la planta ejecutiva...

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