Capítulo 53 Arrepentimientos

GIA

​El sonido de un pitido constante, rítmico y exasperante taladra mis sienes, abro los ojos con lentitud, sintiendo que mi cerebro pesa como si estuviera lleno de cemento fresco.

​—Ay, Dios mío... ¿En dónde estoy? —balbuceo con la boca seca y tratando de acostumbrar mis ojos a la luz.

​Intento...

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